Un beso al hospital

Latidos tratando de ser controlados con un suave y sincronizado respirar. Todo giraba en mi cabeza, mis palabras carecían de coherencia y mi cuerpo actuaba bajo inhibición.

Desperté en el hospital, hablando en inglés.

“Tell my brothers that I’m not going to make it, tell them that I’m done”.

Apenas podía moverme. Noté lo morado que tenía las piernas. ¿Qué tal, si nunca vuelvo a caminar… peor, abré perdido mis dientes?

Decidida, comencé con el intento de unir fragmentos. Me encontraba guiando. Ya la noche había caído. Me dirigía hacia una curva en la carretera. De pronto, cerré mis ojos e incliné mi cabeza en el guia. Mi cuerpo se desplomó, como si me hubiera rendido.

Todo volvía a estar negro. No recordaba más.  Una silueta oscura sostenía mi rostro con sus dos manos y me decía sublimemente; ”Jasmín, mi amor… ¿estás bien?

Vagamente pestañaba, cuando me percato, a mi mano izquierda estaba mi hermano batallando con el cansancio. Le pedí que se fuera descansar. Negó con la cabeza y procedió a contestar, “No te voy a dejar sola”.

Estaba en un lugar caótico, se escuchaban voces por intercom repitiendo el mismo anunciado. Hasta en mis sueños sabía que había un visitante que se encontraba en la sala de emergencias esperando a ser escortado donde un paciente.  Mujeres vestidas de blanco murmullaban entre ellas lo pesada que sentían su jornada en esta noche.

Nuevamente, intento despertar. Liónas, seguía sentado junto a mí, observándome.

-Jasmín, te quedastes dormida y estrellastes tu auto contra una valla en la carretera. Apenas había llegado de trabajar cuando recibí la llamada de Mauricio- continuó dudoso- me notificó que te estaba llamando y no respondías, ya para la segunda vez un paramédico le respondió con los hechos. Aparentemente, te ibas a encontrar con el en tu apartamento… ¿Recuerdas lo que sucedió… de casualidad habías bebido… ustedes se iban a  encontrar?

Permanecí en silencio, mirando al teño del hospital. Las imágenes comenzaron aparecer en mi mente con más claridad. Imaginen estar en una montaña, sin ninguna contaminación luminaria, mirando la noche y de pronto aparecen varias estrellas fugaces; eso sucedía en mi cabeza en estos momentos.

Luego de salir de un curso de la universidad, fuí a cenar con Mauricio. Compartíamos. Hablamos acerca de la vida, del comportamiento humano. Nos reíamos de chistes improvisados. Planeabos estrategias de estudio para las próximas evaluaciones. Al momento de irnos, Mauricio me acompañó al auto -el alcohol había abierto la caja de pandora de emociones- nos despedimos de una manera diferente esa noche, al parecer el deseo llevaba mucho tiempo archivado.

Encendí el auto…

I

 

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